Se oye, se dice, se comenta...

¿Cuántas veces nos han contado cotilleos o situaciones varias? Demasiadas... En este blog, se podrán encotrar textos escritos por mí y otros de interés general. Espero que os guste.

3.27.2006

MI MAMÁ TIENE CHIPS Y CIRCUITOS INTERNOS

“Útero artificial: dar a luz sin embarazo” Imagínense mi sorpresa al leer esto en la portada de una de las revistas de moda más vendidas. Rápidamente fui a la página indicada y allí me encontré con Henri Atlan y su magnífico descubrimiento. Una entrevista digna de ser leída, sobre todo por aquellas madres que estén en su octavo mes de embarazo.

Si no teníamos suficiente con la polémica suscitada por las células madre, la inseminación artificial, la fecundación in vitro y el cordón umbilical de la princesita Leonor, ahora nos dicen que no hace falta nueve meses, nauseas, y una barriga que no te deja vivir para tener un hijo. Y no estoy hablando de las madres de alquiler, un punto más a sumar a la polémica, sino del mensaje que nos envía el conocido médico y biólogo francés Henri Atlan. La publicación de su libro El útero artificial ha sacudido la opinión pública del país galo, y la mía. Así como lo leen, según monsieur Atlan, de aquí a cincuenta, máximo cien años, las mujeres podremos tener un hijo sin llevar al feto en nuestro útero. Lo único que tenemos que hacer es dirigirnos a un centro especializado en úteros artificiales. A la salida, olvidaremos los problemas del embarazo, seguiremos con nuestra vida diaria y habremos dejado que una máquina supertecnológica se ocupe de mimar al feto.
Una idea seductora, innovadora o ¿escandalosa? El tema obliga a reflexión. No pocas serán las opiniones al respecto. Henri Atlan tiene muy clara la suya: “La ectogénesis, o gestión extracorporal, borrará las diferencias entre hombres y mujeres en el tema de la procreación y se llegará a la separación definitiva entre sexualidad y procreación”. Sin embargo, añade Atlan: “En un principio sólo se desarrollará por razones terapéuticas, para tratar la esterilidad, los abortos repetidos o los partos demasiado prematuros”.

Esto último parece aceptable ¿verdad? Yo no soy madre, pero seguro que si me llegan con un listado de enfermedades tratables, los beneficios para el bebé y sus hermanos y familiares, mi propia salud, la dolorosa búsqueda de un donante compatible si no se han conservado las células madre… A nadie en sus cabales se le ocurriría decir que no a los tratamientos. Pero de ahí, a ver nacer a tu hijo del útero de una máquina hay un largo camino.

Habrá opiniones para todos los gustos. Como dice Atlan: “Estaréis divididas: el embarazo para unas es una bendición, una experiencia única, enriquecedora y maravillosa. Para otras una auténtica pesadilla, que además a veces acaba con un parto doloroso y una depresión posterior”. Pero un poquito de cordura, por favor. Como sigamos así la pastillita que sustituya a la comida diaria y demás situaciones de pura ciencia ficción no nos quedarán tan lejos. Y no es solo una cuestión de ética y moral, tal y como declaran Zapatero y los representantes de la Iglesia en nuestro país, es una cuestión de naturaleza y vida humana. Si empezamos a nacer de máquinas ¿qué será lo próximo? Ustedes, científicos, dirán.

3.25.2006

SÍNDROME DE PETER PAN









La infancia es una patria
de la que nos exilian
los calendarios constantes...

LA MUERTE DE DOS NIÑAS

1 de julio. María estaba sentada en el asiento trasero del coche que conducía su abuela. Miraba por la ventanilla con esa sonrisa de felicidad que sólo tiene una niña que ha terminado el colegio. Sus vacaciones de verano habían comenzado y eso significaba coger las maletas con rumbo a León. Su abuela se disponía a sacar las llaves para abrir la puerta, cuando una voz que llevaba tiempo sin escuchar hizo que María girara la cabeza. Era Sheila, su mejor amiga. Vivía con sus padres y sus dos hermanos en un barrio a unos quince minutos de su casa, pero sus abuelos eran los vecinos de enfrente. “Los dueños del burro”, como los llamaba María.


Todas las tardes Sheila visitaba a su abuela Carmen y esperaba a que María volviese de la piscina. A las ocho entraba corriendo por el jardín de la casa gritando “¡Señora Aquilina! ¡Señora Aquilina! Soy Sheila ¿dónde está María?”. Y entre juegos y risas pasaban los días de verano. Muchas veces iban también el Jona, la Raquel, la Sheila, el Abraham o el Jose, los primos y hermanos de Sheila. Siempre encontraban un hueco para ir a verlas. Los jueves por la mañana había mercado en León, y María y su abuela aprovechaban para hacer la compra. Allí se encontraba con su amiga. “Yo quiero trabajar como Sheila”, decía muchas veces. Le encantaba escuchar a su amiga gritar a las señoras, que haciéndole caso se paraban a comprar.

Llegó septiembre y las lágrimas se dejaban ver en los ojos de las dos niñas. Pasaron los años y siempre se volvían a ver ese esperado 1 de julio. Sin embargo, llegó el día en el que María no apareció. Las dos tomaron caminos diferentes. Sheila se casó el mismo año que María comenzaba la carrera de Derecho. “Señora Aquilina, le voy a traer el video de mi boda, para que vea cómo es una verdadera boda gitana”. Los mejores vecinos que jamás había tenido una abuela. La mejor amiga de una niña, que se hizo mayor y no supo más de su infancia o no lo quiso saber. Una amistad que murió. ¿El por qué? Tal vez una sociedad que ve con los ojos y no con el corazón.

Muy bonito todo, ¿verdad? Una moraleja perfecta. Incluso puedo afirmar una cosa más: es un hecho real. Pero, señores, despertemos, por favor. Cuando nos preguntan casi nadie se define como racista, es más, damos unas argumentaciones que ni nosotros mismos nos creemos. Pero cuando vemos a un moro, un gitano o un rumano por la calle nos falta tiempo para cambiarnos de acera. Hipocresía, esa es la palabra. ¿Tan difícil es la respuesta? Que sí, que somos racistas, si no no habría tantos problemas con el velo, los burros y las pateras. Si lo eres, acéptalo. Y si no, deja que tu hija se relacione con el negrito de enfrente, una situación difícil de aceptar ¿no? Un poquito de cordura en nuestras decisiones, por favor, que los hipócritas últimamente abundan.

SIN RUMBO, PERDIDA EN LA CALLE

Nos detuvimos y la luz se apagó. Risas, gritos y voces cantando al son de la música se oían a lo lejos. ¿Dónde estábamos? ¿Qué iba a ser de todas nosotras? ¿Por qué aquellas personas nos habían ido a buscar? De repente, la luz se encendió y nos movimos. Aquella especie de máquina con cuatro ruedas empezó de nuevo a caminar. Otra vez sin saber hacia dónde nos dirigíamos. Otra vez sin un rumbo fijo. Otra vez las mismas preguntas sin respuesta. Otra vez el mismo miedo se apoderó de mí. Hacía frío, mucho frío. El viento golpeaba mi cara y hacía un ruido infernal contra aquella especie de manta de plástico que nos envolvía. Eso me ponía aún más nerviosa. Nos volvimos a detener. Esta vez las risas se sentían más cerca. Aquellas voces no paraban de hablar. Cada vez más y más alto. Cada vez más y más voces diferentes. Cada vez el miedo era mayor. ¿Me estaba volviendo loca? ¿Sería todo un sueño? Todas esas preguntas se borraron al instante de mi cabeza cuando una mano me agarró y me invitó a salir fuera. Una invitación en la que no cabía el rechazo. Pude ver lo que me esperaba. Un montón de gente. Personas desconocidas. Mis amigas estaban con ellas. La misma situación. Los mismos pensamientos. Pero eso ya no me consolaba. Todo aquello de lo que nos habían advertido, lo estábamos a punto de vivir. Nos habían preparado para no tener miedo, pero él seguía conmigo.

Pasé de mano en mano. De boca en boca. Serví de celestina para muchos. Pude escuchar mil historias. Risas y llantos. Viví el dolor de esa chica a la que su novio le decía que se había acabado el amor. Saboreé el primer beso de aquella pareja, que después de una larga conversación se decidía a dar el primer paso. Hice de ruleta para lograr dibujar una sonrisa en aquel grupo de jóvenes. Y pasaron las horas. Y ese miedo del principio parecía desaparecer. Sin embargo, recordé las palabras de mi padre: “Naciste con un único objetivo. Durará apenas unas horas y será increíble, o todo lo contrario. Y cuando lo hayas cumplido, todo se habrá acabado”. Sentí que ese momento había llegado. Estaba volando por los aires, y ahí abajo ya no había historias bonitas. Me caí encima de alguien, y de ahí fui rodando por el suelo hasta chocar contra un muro interminable. Mis amigas. ¡Dios mío! Las mejor paradas estaban como yo, y las otras… en pedazos. Todo había llegado a su fin. “Acabarás como cualquier otra botella, hija mía: vacía, sin rumbo, perdida en la calle”.


EL ABANDONO DE LA ALFOMBRA

La alfombra está desplegada. Las limusinas no pueden brillar más. Los exclusivos modistos dan las últimas puntadas a trajes y vestidos. Los focos se funden ante la caída del brillo de medio firmamento dentro un teatro. Todo está a punto para recibir a don Óscar, que con 78 años a sus espaldas se ha convertido en el abuelo más famoso del mundo.

Ya quisieran muchos jóvenes llamar tanto la atención como él. Llevas meses escuchándolo en la radio, en la televisión, al vecino, a tu madre y al del gas natural. Incluso ha aparecido en tus sueños. Sí. Te levantaste, toda la sala aplaudía, te acercaste a él y te quedaste sin palabras. De pronto sonó el despertador y te caíste de la cama. ¡Nena! Que no estás ni en Hollywood, ni eres actriz, y en tu agenda figura ‘reunión con el jefe’, no ‘cita en los Ángeles’.

Y allí, donde un monte expone nueve letras: oro, plata, esmeraldas y rubíes de una calidad inigualable. Los joyeros dan los últimos retoques a ese collar que se quedará en la retina de medio mundo, o que quizá no, porque la Kidman lo pierde en un momento de emoción. Todas las expectativas se irían al traste ¿verdad? Entre Channel, Dior, Carolina Herrera, Gucci y Versace corren ríos de sangre. Venderían su alma al diablo con tal de ser elegidos por la persona con más papeletas para subir al tan esperado escenario. Los incontables operarios ponen los focos a punto; la sala está perfecta, ni una mota de polvo vuela entre las butacas; los técnicos de sonido ultiman los altavoces y por el micrófono se escucha el nombre del ganador. Y después del acto, la cena. Tostadas de salmón y caviar con la forma del abuelo es sólo una parte de los suculentos platos que más de mil quinientos invitados tendrán el placer de saborear. La labor de los cocineros: un gran reto digno de aparecer en libro Guinness. ¿Y si la sopa está fría? Las horas transcurren entre risas y anécdotas. De pronto a ese vestido de color blanco roto con pedrería de Swarowsky, que cuesta más que mi Fiat Panda, se le cae una mancha de foie. ¿Se imaginan la situación? Tal vez si eso sucediese la Julia, la Scarlett, o cualquiera que fuese no lo soportaría y se tendría que ir a su modesta casita en el barrio de Beverly Hills, muerta de la vergüenza. ¡Dios mío! ¡George y Richard lo han visto todo! ¡Fotos no, por favor! ¡Ambrosio, el coche, date prisa! O tal vez no. Quién sabe. Yo no estuve allí.

Los primeros rayos de sol hacen desaparecer las estrellas. Los focos se apagan. El momento tan esperado ha llegado a su fin. La alfombra roja, enrollada en una esquina ha quedado en el olvido, así como el derroche de dinero, de trabajo, y de tiempo. Esas estrellas desaparecen, y no porque amanezca, si no porque regresan a sus casas, a sus trabajos, y tal vez a su estrés diario. Aunque no lo crean y dejando a un lado las bromas, si están ahí es por algo. Pero su gran día se ha terminado. ¿Ahora qué? Hasta el año que viene.

¿SE LE HABRÁ OLVIDADO DECIR HOLA?


“Será una buena idea”, pensé cuando mi hija aceptó la plaza para estudiar en el Reino Unido. No aprendes un idioma si no vas al país de origen. Pero ahora mismo, pido que me lo expliquen porque no lo entiendo.

Tenía que abandonar España el 19 de septiembre, pero su avión no despegó. “Problemas técnicos”, dijeron los de la compañía aérea. Un buen comienzo. Veinticuatro horas más tarde salía rumbo a Southampton, la ciudad donde mi hija iba a vivir durante seis meses. Todavía hoy no sé dónde está. Estaba colocando los platos en la mesa, cuando sonó el teléfono. Un minuto duró la conversación. ¿Creen que le dio por llamar los días siguientes? La respuesta es no. Su teléfono móvil se quedó sin batería y no pudo recargarlo. El enchufe inglés era diferente. A los british les encanta marcar la diferencia: conducen por la derecha, sus enchufes no son como los del continente, y encima no hablan español, el idioma más fácil del mundo, por favor…

El otro día recibí un correo electrónico con algunas fotos. Sólo hablo con ella por Internet. Las llamadas son demasiado caras. En ese país no existen las palabras barato, chollo, o similar. Deben de estar montados en la libra, eso, o el banco no me dice la verdad sobre la tarjeta de crédito de mi hija. Volviendo a las fotos. Eran estupendas. Un gran reportaje digno de publicación. Un recorrido visual por todos los bares y discotecas de la ciudad. Le pregunté sobre la gente que posaba con ella y ¿cuál fue mi sorpresa? La mayoría eran españoles. Sólo había dos chicos ingleses y ¡estaban aprendiendo español! Cuando regrese a casa, que como siga así tal vez sea antes de lo previsto, media residencia acabará hablando nuestro idioma. La otra media lo tiene como lengua materna. Y si con esto no tuviera suficiente para mis nervios, en la fiesta de Halloween pensarán que se disfrazó de bruja o de diablesa. Pues no. Respuesta equivocada. Con estampado de lunares, peineta y castañuelas apareció por la romería. No tiene suficiente con enseñarles español, quiere que conozcan nuestra cultura a fondo. Y si aprenden sevillanas, ¡mejor que mejor!

Ayer me escribió sobre sus clases en la universidad. Por fin un tema de conversación académico. “Mamá, entender entiendo lo que me dicen, pero hablar… ¡me da mucha vergüenza!” Vestirse de flamenca en Inglaterra no le da vergüenza, pero hablar en inglés en las Islas Británicas sí. Por lo menos hablará con las cajeras del supermercado cuando haga la compra, aunque conociéndola es capaz de hacerlo por señas. Y hablando de compras, ¿qué me dicen de la alimentación inglesa? Menos mal que le he mandado un paquete con comida en condiciones. Cuando lo recibió ¿os podéis creer lo qué me dijo? Que estoy loca. ¡Más locos están los ingleses y loca me va a volver ella!

De verdad, voy a abrir la guía por la ‘p’ de psicólogo ¿o por la ‘s’? Dejémoslo, creo que ya está empezando. Vivo con la esperanza de que cuando regrese a España, las clases particulares que pagué cuando tenía diez años valiesen para algo. Vivo con la esperanza de que no se le haya olvidado cómo se dice ‘Hola’ y ‘Adiós’ in english.