EN LA COLA NENG
“¡Mírame, soy una momia!”, dice Aitor a los periodistas prácticamente incrustado en el interior de su taquilla, con un vendaje ciñéndole la cabeza. Sus cuatro años de edad no le dejan ver la magnitud de lo que ha vivido. Abre la puerta y se escapa al pasillo, su familia lo devuelve a la habitación y allí engulle una croqueta. No para quieto. Un torbellino que consiguió que la princesa Letizia le leyera un cuento, ajeno a todo tipo de protocolo. La cara dulce de un amargo desastre.
El pasado lunes 17 una de las cabeceras asturianas abría su edición con el siguiente titular: “Cuatro muertos y 29 heridos al volcar en Lena un autocar con scouts de Gijón”. Un accidente de los cien previstos para esta Semana Santa. Uno más, si no fuera porque ese autobús estaba lleno de críos que volvían de un campamento. Y cuando hay menores en juego, impresiona y cala hondo. ¿Pero cuánto tiempo? Los primeros días después del suceso. Más tarde se borrará de todas las retinas. Salvo para Bibiana, Alba, María, Andrea, Javier, Aitor, Sara, Cristina… y podría seguir hasta 29 y multiplicarlo por el número de familiares y conocidos. Y podría relatar el testimonio de Eladio Montes, que la noche del domingo lo podíamos ver buscando a su nieto de cinco años en el hospital. Al día siguiente nos informaban de que era uno de los fallecidos. Pero no lo voy a hacer, ¿por qué? Porque para eso ya están los periódicos. Al menos los regionales no cesan de dar noticias del accidente, rozando el límite del sensacionalismo.
Sólo quiero transmitir un mensaje escueto: menos parafernalia y una legislación actualizada, por favor. Puentes, navidades, verano, operación salida, entrada, vuelta y marcha atrás. No sé cuántos radares instalados en la carretera, canciones de todo tipo, el Neng diciéndonos que no corramos, y ahora el multa-móvil. Ya no saben qué inventar. Que sí, que toda precaución es poca, que el exceso de velocidad es lo peor de lo peor. Pero yo me pregunto: ¿de qué sirve todo esto si algo tan sencillo como un cinturón de seguridad no existe? España, que presume de ser el reflejo de Europa, ¿cómo puede ser el país europeo que acumula más muertos en accidente de autobús en los últimos diez años? Según la Fundación RACC Automóvil Club la utilización de cinturones podría reducir el 80% de las muertes producidas en accidentes como el de Lena. Sí, hemos podido escuchar que el Gobierno va a tomar medidas, y que los nuevos autobuses tendrán que llevar este elemento de seguridad obligatoriamente. Pero, ¿qué pasa con los que están en circulación? De esos no se ha dicho nada. Es más, la antigüedad media del parque de autobuses español es de 9,4 años, “relativamente envejecido”, según señala la RACC.
“¿Cómo voy a dejar a mi hijo ir ahora de excursión? Algo tan sencillo como un cinturón habría evitado la muerte de esos críos”, relataba un vecino de Gijón el día del accidente. Y, amigo mío, le doy toda la razón. Un poco de cabeza, que para muchas cosas somos ciudadanos del mundo y los primeros en todo, pero para otras somos tercermundistas y estamos en la cola.

1 Comments:
At 2:01 p. m.,
Anónimo said…
Es una pena y una verdadera tragedia lo que ha pasado y creo que toda España se ha hecho eco del accidente.
Creo que la culpa no es solo de los conductores o de la ausencia del cinturon, yo pienso que el gobierno deberia dedicarse en vez de poner tantas multas y gastarse el dinero en multitud de campañas publicitarias en hacer o mejorar las carreteras, que es lo que realmente es necesario.
La mayoria de los accidentes son en carreteras nacionales, que paises todavia tienen las mismas carreteras que hay en España?? para eso no nos comparamos con otros paises y eso si que da pena y verguenza
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