LOS INMIGRANTES SE RIEN DE ESPAÑA
El tema de la inmigración sigue subrayado con fosforito en la agenda actual. Sin embargo, dejemos de lado por un momento a los cayucos que llegan a Canarias (y los que quedarán por llegar hasta que no se le ponga el punto final a esta frase) y cambiemos de continente: de África nos vamos a Europa del Este, y de cayucos a bandas de delincuentes organizados.
España ejerce un singular atractivo para las mafias del Este y también de otros países. La razón: las leyes garantistas españolas y la facilidad para viajar por Europa. “Occidente para ellos es una tarta, un lugar donde la gente vive relativamente despreocupada, tiene una menor capacidad de sufrimiento y donde, además, las ley
es son garantistas”, aseguró un alto mando de la Comisaría general de Policía Judicial a El País. Ahora bien, vayamos al punto clave, al eje que hace que todos reflexionemos ante este problema que se les está escapando de las manos a los que llevan las riendas de este país. "Hombre, vente para España, que esto es el paraíso... Que sí, que aquí la policía ni te toca", se podía escuchar en una cinta grabada, durante una investigación, a una banda de rumanos especializada en robos de chalés y empresas. Una invitación que no deja lugar a dudas. Una muestra de que verdaderamente se están riendo de nuestro país. Y lo peor de todo es que el gobierno no hace nada para cortar esa risa. Además, todo esto no es un fenómeno reciente: ya se dio la voz de alarma cuando el moldavo Pietro Arkan asesinó (no hablamos ahora solamente de robos, aunque ese fuera el móvil) la noche del 19 al 20 de junio de 2001 al abogado madrileño Arturo Castillo. El crimen se cometió tras entrar de madrugada en su chalé madrileño, intentar matar a su esposa y agredir a las dos hijas del matrimonio. El entonces delegado del Gobierno en Madrid, Ángel Ansuátegui, explicó a los ciudadanos que, si querían más seguridad, se la pagaran de su bolsillo. Algo similar a lo que acaba de decir la consejera de Interior de Cataluña, Montserrat Tura.
España ejerce un singular atractivo para las mafias del Este y también de otros países. La razón: las leyes garantistas españolas y la facilidad para viajar por Europa. “Occidente para ellos es una tarta, un lugar donde la gente vive relativamente despreocupada, tiene una menor capacidad de sufrimiento y donde, además, las ley
es son garantistas”, aseguró un alto mando de la Comisaría general de Policía Judicial a El País. Ahora bien, vayamos al punto clave, al eje que hace que todos reflexionemos ante este problema que se les está escapando de las manos a los que llevan las riendas de este país. "Hombre, vente para España, que esto es el paraíso... Que sí, que aquí la policía ni te toca", se podía escuchar en una cinta grabada, durante una investigación, a una banda de rumanos especializada en robos de chalés y empresas. Una invitación que no deja lugar a dudas. Una muestra de que verdaderamente se están riendo de nuestro país. Y lo peor de todo es que el gobierno no hace nada para cortar esa risa. Además, todo esto no es un fenómeno reciente: ya se dio la voz de alarma cuando el moldavo Pietro Arkan asesinó (no hablamos ahora solamente de robos, aunque ese fuera el móvil) la noche del 19 al 20 de junio de 2001 al abogado madrileño Arturo Castillo. El crimen se cometió tras entrar de madrugada en su chalé madrileño, intentar matar a su esposa y agredir a las dos hijas del matrimonio. El entonces delegado del Gobierno en Madrid, Ángel Ansuátegui, explicó a los ciudadanos que, si querían más seguridad, se la pagaran de su bolsillo. Algo similar a lo que acaba de decir la consejera de Interior de Cataluña, Montserrat Tura.La única forma de combatir este fenómeno es endurecer las leyes, coordinar las fuerzas y más gente para investigar. Está bien, que “si la gente quiere vivir cada vez más lejos y más aislados no puede pretender tener un policía en cada chalé”, como aseguró el citado alto cargo. Pero hay que buscar una solución al problema y esa solución la tiene que encontrar el gobierno. Porque presionar en una zona no sirve de nada. De Madrid se fueron a la Costa del Sol, de ahí a la Comunidad Valenciana, y ahora Cataluña se enfrenta a este fenómeno. ¿Seguimos con la gira del delito? No sería lo más adecuado.

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