Nunca antes un libro y su reproducción en la gran pantalla habían dado tanto de qué hablar. Si Dan Brown quería que su nombre sonase, lo ha conseguido. Este fin de semana se ha estrenado la película El código Da Vinci y si la polémica ha rodeado a esta macroproducción desde que se anunció su rodaje, ahora está más que servida. Record de taquilla y 30 millones de dólares en un solo día han sido los primeros resultados obtenidos. O tal vez los segundos, porque el primero ha sido otro: el escándalo.
El hecho de que la novela de Dan Brown, y por tanto también la película, ponga en duda los dogmas de la Iglesia Católica, al hablar de que el auténtico Santo Grial es la descendencia de Jesucristo; más el retrato que se hace de la Iglesia: una institución que atacó a todo aquél que pudiera destapar el secreto; sumado al hecho de que el Opus Dei aparezca como una secta de carácter maligno ha calentado los ánimos de los sectores más conservadores. Críticas por parte del Vaticano, huelgas de hambre en la India, acusaciones de plagio, calificación de la banda sonora como violenta… El código ha estado en boca de la opinión pública desde que se consideró bestseller y más aún, desde que Ron Howard anunció su producción.
Sin embargo, ¿por qué tanta polémica por un hecho que es ciencia ficción? De acuerdo, en la película no se especifica que ‘todo parecido con la realidad es pura ficción’, pero después de todo lo que se ha hablado está más que reconocido. Además el propio autor del libro lo ha admitido. Y por si fuera poco, los miembros del Opus Dei ven la producción como una ‘oportunidad’, a pesar de la ofensa. Tal y como se publicó en un reportaje del diario El País Juan Manuel Mora, jefe de comunicación de la organización, reconoce que el fenómeno de El Código Da Vinci “no ha sido del todo negativo”. En realidad le ha proporcionado una publicidad planetaria que Mora y sus compañeros del equipo de comunicación han aprovechado con habilidad: mensajes positivos, rechazo del boicoteo o la batalla legal y la máxima transparencia. Del mismo modo, Isabel Sánchez Serrano, abogada y miembro del consejo femenino, explicó: “Recibimos bastantes sugerencias que apuntaban hacia la acción legal, pero pronto se forjó una mayoría a favor del simple diálogo. No tardamos en captar que la novela ofrecía una oportunidad”.
Es en ese diálogo donde está la solución a un problema que se ha sobrevalorado. Porque más allá de un libro, más allá de una película los que verdaderamente tienen fe y son creyentes van a seguir siéndolo y los que no lo son, la indiferencia será la actitud tomada. No hay ningún estudio que demuestre la existencia de extraterrestres y sin embargo se han hecho numerables producciones sobre ellos, por no poner otro ejemplo. La gran pantalla no va a destruir la fe de las personas y menos si se ha dicho por activa y por pasiva que es pura ficción.