Se oye, se dice, se comenta...

¿Cuántas veces nos han contado cotilleos o situaciones varias? Demasiadas... En este blog, se podrán encotrar textos escritos por mí y otros de interés general. Espero que os guste.

4.24.2006

EN LA COLA NENG


“¡Mírame, soy una momia!”, dice Aitor a los periodistas prácticamente incrustado en el interior de su taquilla, con un vendaje ciñéndole la cabeza. Sus cuatro años de edad no le dejan ver la magnitud de lo que ha vivido. Abre la puerta y se escapa al pasillo, su familia lo devuelve a la habitación y allí engulle una croqueta. No para quieto. Un torbellino que consiguió que la princesa Letizia le leyera un cuento, ajeno a todo tipo de protocolo. La cara dulce de un amargo desastre.

El pasado lunes 17 una de las cabeceras asturianas abría su edición con el siguiente titular: “Cuatro muertos y 29 heridos al volcar en Lena un autocar con scouts de Gijón”. Un accidente de los cien previstos para esta Semana Santa. Uno más, si no fuera porque ese autobús estaba lleno de críos que volvían de un campamento. Y cuando hay menores en juego, impresiona y cala hondo. ¿Pero cuánto tiempo? Los primeros días después del suceso. Más tarde se borrará de todas las retinas. Salvo para Bibiana, Alba, María, Andrea, Javier, Aitor, Sara, Cristina… y podría seguir hasta 29 y multiplicarlo por el número de familiares y conocidos. Y podría relatar el testimonio de Eladio Montes, que la noche del domingo lo podíamos ver buscando a su nieto de cinco años en el hospital. Al día siguiente nos informaban de que era uno de los fallecidos. Pero no lo voy a hacer, ¿por qué? Porque para eso ya están los periódicos. Al menos los regionales no cesan de dar noticias del accidente, rozando el límite del sensacionalismo.

Sólo quiero transmitir un mensaje escueto: menos parafernalia y una legislación actualizada, por favor. Puentes, navidades, verano, operación salida, entrada, vuelta y marcha atrás. No sé cuántos radares instalados en la carretera, canciones de todo tipo, el Neng diciéndonos que no corramos, y ahora el multa-móvil. Ya no saben qué inventar. Que sí, que toda precaución es poca, que el exceso de velocidad es lo peor de lo peor. Pero yo me pregunto: ¿de qué sirve todo esto si algo tan sencillo como un cinturón de seguridad no existe? España, que presume de ser el reflejo de Europa, ¿cómo puede ser el país europeo que acumula más muertos en accidente de autobús en los últimos diez años? Según la Fundación RACC Automóvil Club la utilización de cinturones podría reducir el 80% de las muertes producidas en accidentes como el de Lena. Sí, hemos podido escuchar que el Gobierno va a tomar medidas, y que los nuevos autobuses tendrán que llevar este elemento de seguridad obligatoriamente. Pero, ¿qué pasa con los que están en circulación? De esos no se ha dicho nada. Es más, la antigüedad media del parque de autobuses español es de 9,4 años, “relativamente envejecido”, según señala la RACC.
“¿Cómo voy a dejar a mi hijo ir ahora de excursión? Algo tan sencillo como un cinturón habría evitado la muerte de esos críos”, relataba un vecino de Gijón el día del accidente. Y, amigo mío, le doy toda la razón. Un poco de cabeza, que para muchas cosas somos ciudadanos del mundo y los primeros en todo, pero para otras somos tercermundistas y estamos en la cola.

4.03.2006

Fernando Millones

Domingo. La catedral de Burgos nos hacía sombra y un montón de niños jugaba al balón en la plaza. De repente un retaco que acababa de marcar un gol, tal y como lo demostraba su manera de correr y de celebrarlo, se acercó y me preguntó que de dónde era. “De Asturias”, le respondí. No pasaron ni dos segundos cuando, para gran asombro de una servidora, de su teléfono móvil brotaba la melodía de la canción de Melendi. Mientras tanto el niño cantaba al ritmo de la música: Porque Asturias es mi patria, y sincera es su bandera... Hasta ahí, porque en ese momento cortó la canción y me dijo: “Por cierto, Alonso ha ganado”. Salió corriendo y siguió jugando a ser galáctico.

La alonsomanía lo llaman unos, el fenómeno Alonso lo llaman otros. Pero lo cierto es que todo el mundo pronuncia su nombre. ¿Se acuerda alguien del madrileño Pedro Martínez de la Rosa? ¿Les suena Gené, de nombre Marc? No, ¿verdad? En cambio, se levantan a las cinco de la mañana para ver el Gran Premio de Melbourne y se atreven a cuestionar las estrategias que llevan a cabo en la pista éste o aquél, son aficionadísimos a la Fórmula-1 y apoyan a Fernando Alonso como el que más. Soy andaluz, pero la bandera asturiana la quiero ver ondeando en el mástil más alto. Y todo esto ¿desde cuándo? Desde que un chiquillo ovetense aparece como joven promesa en ese mundo. Es más, ni siquiera cuando aparece. El boom llega cuando gana su primera carrera en el año 2003 en Hungaroring. A partir de ese momento, todo español es fan absoluto de Alonso y la Fórmula-1 el deporte rey, quitándole casi la corona a nuestro querido fútbol. Y qué les voy a contar ya, una vez que ha ganado el mundial.

Detrás de todo esto: millones. Récord de audiencia para Telecinco y contratos publicitarios a tutiplén. Todos aprovechan el tirón de Alonso. Marcas tan desconocidas como Gurú son ahora el último grito, las carreras entre las barritas de Hero Muesli han quedado en la retina de muchos, así como el Fernando Alonso medieval del último anuncio de Mahou, y ¿quién no recuerda al cerdito Borja del anuncio de Renault? Qué decir ya del Premio Príncipe de Asturias y de la promoción que está dando a nuestra región. Hecho que queda constatado en la pregunta de Schumacher: “¿Renault ha cambiado el escudo?”. Y en la respuesta de Alonso: “No, son las banderas de mi pueblo”.

Hemos visto a Alonso fuera y dentro de la pista, muy lejos de aquel chiquillo que ganaba los circuitos de cars de toda Asturias. Triunfaba en compañía de su padre y de su novia de toda la vida. Ahora, lo único que le falta es salir en Salsa Rosa por su relación con la cantante Raquel del Rosario. En realidad, no hay nada malo en todo esto. La afición está con él, es un gran piloto y los pódium lo demuestran. Su figura ha sido un gran impulso para la promoción de Asturias y de España. Pero tal vez aquellos que desde siempre han sido fieles seguidores de la Fórmula-1, con o sin Fernando Alonso, no estén de acuerdo con toda esta parafernalia. Y tal vez, toda ella algún día se acabe y ya no quede más que explotar, ni de Alonso, ni de Fernando.